martes, 1 de mayo de 2012

100 maneras y 1/2 de romperme el corazón (5)




La quinta forma de romperme el corazón es lanzarlo con una catapulta lo más lejos posible. Que despegue, que vuele, que orbite y que se estrelle en el suelo con un gran chof… 
Me duele el corazón porque sé que nunca voy a llegar a la luna. Seguramente es el sueño más antiguo de la humanidad y, que yo sepa, la luna es lo más lejos que ha conseguido llegar nunca el corazón de un hombre. Al menos en un sentido literal de distancia recorrida en único viaje. Despegar, volar, llegar al espacio, ver la tierra como una gran canica azul, alunizar, decir una frase importante y que pase a la historia, pasearte alucinado, hacer unas fotos y volver. Y yo no voy a llegar nunca a la luna, que es toda gris, polvo y roca y tiene una cara oculta que es el perfecto escondite de invasores malvados y solitarios pensativos. Con lo malvado y solitario que yo soy.
Solo doce corazones lo han conseguido.Tan solo doce personas. 
Seguramente la próxima persona que lo consiga será un chino y Santiago de Compostela, que es el lugar donde nací, está muy lejos de china. Seamos realistas, tengo pocas opciones de ser chino.
Las doce personas que se pasearon por la luna, hicieron unas fotos, recogieron unas piedras y cumplieron nuestro sueño en su nombre, han dejado en  la superficie lunar doscientos mil kilos de basura. Eso son dieciseismil seiscientos sesenta y seis kilos de mierda, entre trastos y naves, por cada uno de los doce sueños cumplidos. Sin duda tantos seises son cosa del demonio y yo no me veo capaz de generar tanto desperdicio. Seguramente mis sueños son algo más pequeños y sostenibles. Como construir una catapulta a tamaño real y lanzar desde ella algo que despegue, que vuele, que orbite y que se estrelle en el suelo con un gran chof...

domingo, 22 de abril de 2012

La Tierra Hueca







(Extracto de  "LA TIERRA HUECA. CAPÍTULO 4")


¡Helga!
Maldita Helga. Siempre cuestionándolo todo.
¡Helga!
Siempre preguntando el porqué de todo.
¿Helga?
Helga no podía callar. 
Siempre poniéndolo en duda todo ¡Maldita Helga!


Los plumpos son demasiado tímidos para hablar en público, pero son grandes conversadores en solitario, cuando nadie los ve. Suelen ser conversaciones retóricas, pensamientos en voz alta, preocupaciones que se les acumulan y que les salen disparadas como un chorro de vapor que suena a retahíla de palabras, chistes que no se atreven a hacer. Ánast hablaba con Helga, al principio solo con gestos y miradas que dieron paso a algún monosílabo y a ratos compartidos en silencio. No era raro ver juntos a un recolector y a una artesana, su presencia compartida no estaba penalizada. En el Hueco eran trayectorias compatibles. 


¡Helga!
¡Soy yo, no quiero hacerte daño!


Ánast sabía perfectamente que no iba a encontrar a Helga, que los rumores eran ciertos y Helga estaba condenada a muerte por esa maldita manía suya de cuestionárselo todo y poner en duda hasta el más mínimo detalle. Maldita Helga,  hace cientos de miles de millones de vueltas que el consejo decide el trayecto de todos y cada uno ¿Quien se ha creído Helga para cuestionarlo todo? El trayecto de Helga era ser artesana. Maldita. Maldita. Maldita. Los artesanos no pueden cuestionárselo todo. Y menos todavía una sentencia del consejo. Aunque sea injusta. 

¡Maldita Helga!
¿Dónde te has metido?