LA TIERRA HUECA

En nuestros ratos libres, nos estamos inventando un universo dentro de la Tierra. Estamos imaginando como sería la vida en su interior si estuviera hueca. Y así es como hemos llegado a la historia de Helga y Jürghen y de cómo su boda casi acaba con la vida de todo lo que vive en este planeta, adentro y afuera. O a la de Fabían y Lucia, dos humanos del exterior que se quedan atrapados en el interior, y se topan con algo mucho más grande de lo que nunca se podían llegar a imaginar.

Imaginando e imaginando, no podemos dejar de pensar en todos los seres, animales, peces, idiomas, ecosistemas y en cada uno de los detalles del hueco lleno de vida que nadie sabe que existe debajo de nuestros mares, montañas y ciudades. Un mundo al que le hemos puesto nombre:


(Fragmento capítulo 1 de La Tierra Hueca)
LA CUEVA DE LOS TOYOS 


(...) y por unos instantes, los dos llegaron a tener miedo. Un miedo tan atroz que su cuerpo se heló y en sus sienes, trompicón a trompicón con cada latido de sus corazones, sintieron como su sangre se movía lenta y dolorosamente. Fue durante esos segundos interminables en los que parecía que todo se iba a derrumbar y que acabarían sepultados entre toneladas de polvo y rocas en aquella bóveda a más de 60 metros de profundidad. Fue durante los segundos en los que la cueva y su vida brincaban y se desplomaban a su alrededor. 
Por desgracia, el miedo solo duró unos segundos. Eternos, sí, pero breves. Cuando la gruta que daba entrada a la cueva colapsó, cuando el estruendo de las rocas y el polvo sepultó la luz del exterior, y la única salida que conocían, fue cuando el miedo se extinguió.Y justo en ese momento, hizo acto de presencia el pánico. Con su rostro más oscuro y silencioso. 
Tan oscuro, tan negro, que no podían ver sus propias manos.
Tan silencioso que su respiración acelerada, áspera, entrecortada, espesa, agónica, era el único sonido que les demostraba que estaban vivos en mitad del aire denso que a duras penas respiraban en aquella enorme cueva que se acababa de derrumbar.
  
Fue Lucia la primera en gritar.

Fue ella la primera en dejarse llevar por el pánico y lanzar a la oscuridad el nombre de Fabian para que rebotara en las paredes de la cueva. Fue ella quien encendió el móvil, para comprobar desesperada que no había cobertura y alargar el brazo para aprovechar la luz de la pantalla y buscar a su recién casado esposo. Y cuando en mitad de la oscuridad encontró su cara cubierta de polvo, desencajada por el terror pero sin un solo rasguño, empezó a ser consciente de que probablemente nunca saldrían de allí. Comprobaron si estaban heridos, se besaron, se abrazaron, lloraron balbuceando uno el nombre del otro, dieron gracias por estar vivos a un Díos en el que ninguno de los dos creía. Y mucho rato después, cuando ya no les quedaban más lágrimas que llorar revisaron las mochilas colgadas en sus espaldas y la cantidad de agua y comida que llevaban; un par de litros de agua cada uno y el picnic que les dieron en el hotel antes de subir al autobús.

- Racionándolo podemos estar aquí una semana- Fue el calculo que hizo Fabian - Aunque la luz que nos da el móvil nos va a durar bastante menos.

Y justo en ese momento, como si Fabian hubiera pronunciado un abracadabra o cualquier otra clase de sortilegio que lo hubiera hecho aparecer allí por arte de magia, vieron un libro a sus pies, un rectangulo perfecto en mitad de aquella  maraña de caos y rocas redondas e irregulares, de piedras  pequeñas y polvorientas. Lucia y Fabian tardaron unos segundos en reaccionar, en descifrar lo que significaba aquel bulto liso y con cuatro esquinas.
Fabian se limitó a observar como Lucia cogía el libro del suelo, como limpiaba la tapa cubierta de polvo con la palma de su mano y como lo abría para leer en voz alta lo que alguien había escrito a mano y con tinta negra en su primera página.

"La Tierra está hueca, muy poca gente lo sabe. Hueca y también habitada. Y en su interior viven algunos de los animales más terroríficos que nunca han existido, algunos de los seres más extraños que nadie ha llegado a imaginar (...)




¿TE

ATREVES

A

ENTRAR

EN 

LA

TIERRA 

HUECA?

/ NO